15-J: La victoria de los poderosos
Yo no voy Betis. Y no porque te sienta menos mío que los miles que sí van a acudir. No por pereza o apatía. Y ni mucho menos por conformidad con la situación actual por la que lamentablemente atraviesas y que te tiene hundido en el pozo de la segunda división como resultado de una pésima gestión de tu entidad.
No voy por no cruzar la raya. No sé exactamente cuál. Ni siquiera sé si esa raya existe fuera de mis propios pensamientos. Pero mi posición ante las cosas me hace distinguirla con nitidez y me hace decidir no cruzarla.
Y eso que casi siempre acudí a las manifestaciones que consideré importantes, en las que el Betis se jugaba algo o se lo jugaba todo. Las dos finales de Copa, la última temporada en Segunda, las promociones de ascenso ante Tenerife o Deportivo, las UEFAS, la Champions, los Carranza, la salvación en Santander, las visitas ingratas al Bernabéu…
Pero todas esas manifestaciones se celebraban en el sitio que corresponde a un aficionado: la grada. Ésta, sin embargo, la intuyo al otro lado de la raya.
Y me ruborizo al pensar el número de personas que hoy sí que taparán las calles convencidas de estar acudiendo a una celebración loable. Gentes sin empleo, despedidos por una causa injusta, ajena a su responsabilidad, y casi siempre relacionada con la avaricia infinita de unos y la permisividad extrema de otros. Gentes mal pagadas, que se dejan la vida en el tajo y que sueñan con alcanzar algún día la cifra de los mil euros en su nómina mensual. Esclavos de sus bancos. Gentes honradas, que cumplen con sus obligaciones como ciudadanos y pagan sus impuestos, mientras son testigos indiferentes del despilfarro e incluso del robo de su dinero por parte de una clase política a la que prefieren ignorar. Gentes que nunca antes salieron a tapar la calle por ninguna de esas causas, ni por el hambre en el mundo, ni por la guerra de Irak, ni por el acceso a una vivienda digna. Gentes que se mantienen impasibles ante el avance de los grupos xenófobos en Europa y se queda en casa en las elecciones.
Gentes que hoy, en masa, cumplirán el sueño de los poderosos: Más de cuatro millones de personas sin empleo, cientos de políticos imputados por corrupción, bienes embargados, cambio climático, 45% de participación en las elecciones y miles de personas en la calle protestando por la pésima gestión de Manuel Ruiz de Lopera que ha dado con los huesos del Betis, de mi Betis, en Segunda División.
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